FIN DE FIESTAS EN EL INFIERNO
Lo se. Hoy no es 1º. Quedé bastante maltrecho después de mi mítica batalla contra los Reyes Magos y me di el lujo de tomarme unas breves vacaciones para refrescarme salando las heridas. Así pues, me despejé, cambié el pelaje, tomé bastante agua de río, y finalmente me di cuenta de que era hora de escribir. Tiempo de contarles mis épicas aventuras por fin ya conclusas.
Pero antes de eso, los resultados de la encuesta del mes pasado: “¿Cuánto hay de etéreo en saberse preso de una sociedad que arenga la hiperactividad crónica?”:
• Nada - 33.33%
• No entendí la pregunta - 33.33%
• Hay una palmera entre mis dientes - 33.33%
Poca participación. Sin conclusiones que sacar. Sin comentarios que agregar.
En la votación de la barra lateral ya pueden dar su opinión en la nueva consigna: “¿Cuál es tu preferencia dentro de aquel viejo interrogante social...?”
Si la tercera es la vencida, el próximo artículo sale el 1 de marzo. Veremos que pasa. Besitos para todos y gracias por difundir.
PRÓLOGO (Resumen)
Hace tres años comenzó todo. Fue cuando, pasadas las 24hs del día 24 de diciembre, no hallé nada bajo mi arbolito, hecho que no hizo más que aumentar mi odio hacia Santa Claus. Entre maldiciones y frustraciones, recibí una correo y un cheque de los Reyes Magos, quienes solicitaban mis servicios para deshacerse de Papá Noel, con el que estaban enemistados según mostraban las publicidades de TV. (Ver #11 “El último artículo del año”)
Acepté gustoso el “trabajito”. Haciéndome pasar por el gordo de Danette, envenené al tipo de la barba blanca, dándolo por liquidado. Pero el 6 de enero los Reyes no se hicieron presentes ni para dejar sus típicos regalos ni para entregarme el resto del dinero que habíamos acordado. (Ver #13 “Historia Navideña”)
Pasaron muchos meses con sobria tranquilidad, hasta que supe que Papá Noel no había muerto. Aquella lluvia de granizo no preanunciaba el fin del mundo sino que él vendría a por mi en busca de venganza. (Ver #51 “Reflexiones del fin del mundo”)
Las numerosas amenazas recibidas no me atemorizaron. Emprendí un viaje hacia el Polo Norte. Allí me encontré con un Santa Claus que no me recordaba, al que lógicamente no había asesinado. Nos atacó un monstruo horrendo llamado Satán Noel, quien decía querer vengar su muerte. Después de varias horas de pelea, apareció el Diablo, que se llevó al monstruo al infierno, pidiendo disculpas por haberlo dejado escapar y echándoles la culpa de todo a los Reyes Magos. Ayudé a repartir los regalos navideños y volví a casa con mil preguntas en la cabeza. (Ver #53 “Aventuras de Nochebuena")
Pasó el 6 de enero, otro año casi entero, y sin noticias de los Reyes…

Imagen: “The man who murdered Santa Claus!”, Wein/Dillin/Giordano, Justice League of America Nº 110, DC Comics, Marzo 1974.
LA BATALLA DE LA EPIFANÍA
El 2007 fue bastante tranquilo. Casi sin página web. Casi sin disturbios. Prácticamente sin novedades. Haciendo publicidades como si fuera el gemelo del gordo de Danette, a quien resulta que tampoco maté (¡maldición!). Ya me estaba olvidando de todo este limado asunto.
Pero cuando anuncié mi regreso a Internet se pudrió todo. Cada día de diciembre recibí un mensaje siniestro sobre mis zapatitos de charol gamuzado. Una mañana mirra, a la siguiente incienso, la otra un sanguche de milanesa. A veces mensajes que decían "el 6 de enero te vamos a cuetear", o e-mails explosivos en mi casilla de correo.
Dos días antes de navidad, Papá Noel vino a verme. Estaba bastante asustado, a él también le estaban llegando estas amenazas que aparecían como por arte de magia. Además necesitaba de mi ayuda porque tenía problemas con la suspensión y el tren delantero del trineo. Yo no entiendo una goma de eso, entonces llamé a mi amigo el leñador, que tampoco cazaba una, pero nos prestó su Fiat 600.
Repartiendo juntos los regalos debatimos bastante. Decidimos pedirle ayuda a Dios, así que organizamos un partido como para juntarnos. Serían Él, algunos ángeles, una nube y el Turco Naím contra Papá Noel, Rodolfo, los enanos y yo. Pero el picadito se suspendió. Cayó San Pedro medio borracho a decirnos que Dios no iba a poder jugar porque se había jodido los meniscos, que pedía disculpas. Después lo llamé por teléfono varias veces pero siempre me daba ocupado, o estaba fuera del área de cobertura. Casi sin que nos diéramos cuenta el día de la Epifanía nos encontró solos y sin ningún plan.
Papá Noel y yo nos quedamos en vela toda la noche del 5 en casa jugando al Twister. Tomamos energizantes, cafés y jugo de salmón para no quedarnos dormidos. Reunimos todo el armamento que pudimos, incluso un cañón de la primera guerra mundial que disparaba sostenes. Pero temíamos que nada fuera suficiente para detener a los Reyes Magos. Aún así nos aprestamos a la espera, dispuestos a dar combate.
No cumplimos con el objetivo. Después de la séptima ronda de tequila nos quedamos dormidos.
Despertamos en medio de un árido desierto, oliendo a vómito de camello. Solo una estructura quebrantaba la soledad de tan inhóspito paraje, un castillo de oro resplandeciente que se dejaba vislumbrar a lo lejos entre la neblina y las pulseritas de colores. Desde ese lugar se nos acercaron cabalgando tres siniestras figuras: los Reyes Magos.
En medio de la nada, atados a un poste de luz fosforescente, tuvimos que escuchar los disparatados motivos y estúpidos razonamientos de estos tres seres. Pasó tal como ocurre siempre en las películas y demases, cuando el villano cuenta a sus víctimas todos sus malévolos planes. Escena bastante pelotuda.
El razonamiento en sí no era tan absurdo. Que Papá Noel tiene más prensa. Que su fiesta es más grosa, es más, ellos no tienen actualmente una fiesta y los pibitos ya ni les dejan el agua y el pastito para los camellos; en cambio a Santa casi no le entra el vestido de tantas galletas con leche de soja. Que a él lo auspicia Coca Cola, en cambio ellos antes estaban con Pepsi pero les rescindieron el contrato y el año próximo con suerte van a hacer campaña para Hook Cola. Y un par de etcéteras bastante largo.
Lo que sí era bastante estúpido era su plan para asesinar a Santa Claus, eliminar todas las fiestas de fin de año, borrar diciembre del calendario, que enero dure 44 días y se llame “Mes de los Reyes Magos”, y ocasionalmente también dominar el mundo entero. Lógicamente me contrataron porque no querían que la gente comenzara a sospechar tan pronto. Parece ser que fue un error mío el hecho de no matar a Papá Noel sino a un tipo que hacía de Papá Noel en un shopping del centro. Para mi desgracia era el mismo flaco que había sido acusado de violación de menores al que yo le robaba los alfajores de maicena cuando estábamos en la cárcel. O sea que, en su corta estadía en el averno no hizo mas que convertirse en un monstruo y agarrarme más bronca. Y bueh, cosas que pasan. Después los Reyes lo sacaron del infierno para que se encargara de Papá Noel y de mí. Cosa que finalmente estaban a punto de hacer ellos mismos.
No se ponían de acuerdo respecto de cómo matarnos. Así que decidieron resolverlo con una partida de Poker. Quien ganara elegiría el método que quisiera para deshacerse de nosotros. Les dije que yo era crupier, que podía repartirles las cartas, entonces me desataron. Aproveché la oportunidad. Le clavé a Gaspar el 17 de ases en el ojo izquierdo. Cayó en la arena lloriqueando y chorreando sangre, mientras me ocupaba de liberar a Santa.
Nos batimos duelo de sables con Melchor y Baltasar durante 27 o 28 horas. Ellos peleaban con sus cetros. Nosotros con dos varas de caramelo que Santa llevaba escondidas en su barba. De fondo sonaba la musiquita de “Secreto en la montaña”. Vaya uno a saber por qué.
De una vez por todas logramos vencerlos, gracias a un par de golpes bien asestados. Justo apareció el Diablo, que estaba buscando a los Reyes porque le debían guita. El Señor del Mal nos invitó a tomar unos porrones frescos en el infierno, así que lo ayudamos a encerrarlos en el palacio y sustraer de allí algunos objetos de valor, de los cuales me quedé con un lindo Porsche con una calcomanía de Salma Hayek en el espejo retrovisor.
Imagen: “Feliz navidad Liga de la Justicia… ¡ahora muere!”, Waid/Rathburn, JLA Nº 60, DC Comics, Enero 2002.
EPÍLOGO (Bastante al pedo)
A decir verdad, a grandes rasgos me parece poco importante, bastante superficial todo este tema de la religión y las festividades. Supongo que por eso me permito bromear tanto al respecto. Como estoy haciendo con el resto de las cosas, me pareció que era necesario darle una conclusión a esta historia.
¿Fin? ¿Quién sabe? Es muy probable que el próximo día de Epifanía no haya regalos, si es que los Reyes siguen encerrados. De todas maneras, ninguna de las alternativas me preocupa demasiado, se supone que para esa época ya voy a estar retirado así que no tendría que volver a imaginar otra pelotudez como la que acabaste de leer.
Imagen: “Feliz navidad Liga de la Justicia… ¡ahora muere!”, Waid/Rathburn, JLA Nº 60, DC Comics, Enero 2002.