No era un tipo común. Supongo que vos tampoco lo serias si fueras tan fanático de los comics como para tener tatuado a Linterna Verde en el brazo, pero bueno, mañas aparte, supo caer simpático al mundo. A pesar de sus veintipico años, todavía no terminaba la secundaria.
Prefería encerrarse con sus amigos a jugar rol y tomar Bayio
fermentado.
Jueves a las seis. Un alfajor de maicena a medio terminar. Estaba a mitad de camino hacia la casa de su sastre de cosplay (le faltaban varias costuras a su traje de Jar Jar Binks), bastante apurado. Acostumbrado al bardeo de los clones del barrio por no usar buzos rosas que llegan a los tobillos. Siempre se repetía “soy mejor que ellos”, casi como
autista. Decidió cambiar de recorrido esta vez, para evitar más escupitajos y tetrabrikazos que de costumbre. Pasó por la disqueria, y ahí la vió, como de costumbre. Algo petisa, pelirroja, delineada hasta las orejas, la mirada ida, remera de Nofx, lagañas extra large. Tan diferente a él, quizás eso lo atrajo. Tomó valor, y el ultimo trago de Bayio, y entró. Casi atragantándose con todo el revoltijo de maicena, naranja y cuerdas vocales, y sin mirarla a los ojos por su timidez, le
pidió un disco de la primera banda que se le ocurrió... La de la remera (porque no escuchaba rock, solo la música basura de las radios)
Volviendo del sastre, dejó el CD debajo de su cama y pasó otro día repasando las reglas del rol. Al otro día, volvió a tomar coraje, compró otro disco de cualquier banda del estilo, y volvía a su casa. Y así con los días, semanas... Poco ya le interesaban las exposiciones de comics y los mazos de cartas coleccionables que intercambiaba con pendejos de apenas la mitad de su edad. Ella no lo dejaba tranquilo, ni en sueños (la
soñaba como una heroína, que lo vendría a rescatar, pero con un traje mucho más ajustado)
Así decidió encararla (y prepararse mentalmente, para no largarse a llorar frente a ella como un enajenado, frente a un inminente no) Tan absorto estaba, que no vio al pancho que lo terminó estrolando con su moto tuneada. Estuvo varios días internado, sin héroe que lo proteja. Pensó en esa ironía, hasta que su cuerpo no dio más... y murió.
Días después, su madre entró a su habitación y encontró todos sus posters de Star Wars despegados, reemplazados por dibujos de una chica pelirroja, y una pila importante de discos, sin abrir. Ella abrió uno, y cayó un papel, que decía: “Hola, hermoso. Me encanta que vengas siempre. Te dejo mi mail y hablamos: princesaleia_nofx@yaju.com”.
Moraleja: Atento con los salames motorizados, que cada vez son más.
SECCIÓN: CHIVOS

SECCIÓN: FRASES CÉLEBRES
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