Un mundo de hombres
Mucho se habla sobre las razones por las que los hombres detestan ir a comprar ropa, de lo descuidados que son en su aspecto personal, que son desatentos u olvidadizos con los detalles románticos, etcétera. Para quienes no lo saben, la razón de que eso sea materia opinable es porque hay muchas más mujeres que hombres y, en general, las costumbres contemplan primero sus preferencias que las de los varones. Muchos, incluso con tal de quedar bien -o de ganar favores-, llegan a adherir al ideario feminista. Incluso esta nota, si estuviera escrita por una mujer, sería más bella y acabada, compuesta por un lenguaje más florido. Pero bueno, como no tiene un fin estético sino que su función es simplemente servir de prólogo al contenido de la nota, es lo que es. Lo que sigue es una lista de las cosas que cambiarían si los hombres verdaderamente gobernaran el mundo.
La escena de "Cuando Harry conoció a Sally" en que Meg Ryan finge un orgasmo sería en realidad la escena principal de "Cuando Harry masturbó a Sally".
Las computadoras costarían poco y no sería necesario compartirlas. Cada uno tendría la suya, llena de las tonterías que quisiera.
El Estado no existiría. Sólo existiría la A.F.A., y el fútbol realmente reemplazaría a la guerra.
Los negocios de ropa no tendrían empleados que ofrezcan ayuda o recomienden modelos, sino que permitirían que la gente rebusque y nunca dirían: "¿Estás buscando algo en especial?".
La habitación más grande de la casa sería el desván.
La gente no se casaría. Simplemente habría multitudinarias despedidas de soltero.
Los nombres personales estrafalarios serían de uso común. En lugar de Agustina, Belén o Tomás, muchos niños se llamarían Spock, Morpheus o Darth Vader.
Los números telefónicos falsos que se reciben de una mujer tendrían una extensión directa a sus números reales.
Mirar el reloj sería aceptado como una respuesta adecuada a la frase "te quiero".
Cuando las esposas quisieran hablar en medio de un partido de fútbol o una película, sus rostros aparecerían en un cuadrito en el borde de la pantalla.
Las rupturas de pareja serían más sencillas, con una palmadita en la cola bastaría.
El control de natalidad vendría como un componente agregado a las bebidas alcohólicas.
Los formularios administrativos se podrían llenar usando, en lugar de nombres, los apodos de las personas que se citan como referencias, como por ejemplo el Narigón Martínez.
El destino personal estaría atado a los resultados de la jornada deportiva.
El tipo más simpático de la oficina sería nombrado director. "Perdón por la tardanza, peto anoche me acosté tarde" sería aceptado como excusa para la impuntualidad.
Al final del día, un silbato indicaría el final del trabajo y todos saltaríamos por la ventana sobre un brontosaurio y de allí al automóvil, como en "Los Picapiedras".
Andar por la calle en patota gritando estupideces sería bien visto por la policía.
Los guardavidas podrían expulsar a los viejos de los balnearios por alterar la belleza pública.
Alquilar tanques de guerra en vacaciones estaría permitido.
El Día de los Enamorados sería trasladado al 29 de febrero.
Los animadores televisivos serían fusilados.
La basura se sacaría sola.
El alcohol, en lugar de fijar grasas, tonificaría los músculos.
El sueldo tendría un plus para gastar en pavadas, como parte de los convenios colectivos de trabajo.
El viernes habría dejado de ser laborable hace mucho tiempo.
Los teléfonos se colgarían automáticamente luego de 30 segundos de conversación.
SOCIEDAD 14 de mayo de 2005