domingo, 22 de noviembre de 2009

Un mundo de hombres


 


Mucho se habla sobre las razones por las que los hombres detestan ir a comprar ropa, de lo descuidados que son en su aspecto personal, que son desatentos u olvidadi­zos con los detalles románticos, etcétera. Para quienes no lo sa­ben, la razón de que eso sea materia opinable es porque hay mu­chas más mujeres que hombres y, en general, las costumbres contemplan primero sus preferencias que las de los varones. Mu­chos, incluso con tal de quedar bien -o de ganar favores-, llegan a adherir al ideario feminista. Incluso esta nota, si estuviera escri­ta por una mujer, sería más bella y acabada, compuesta por un lenguaje más florido. Pero bueno, como no tiene un fin estético sino que su función es simplemente servir de prólogo al conteni­do de la nota, es lo que es. Lo que sigue es una lista de las cosas que cambiarían si los hombres verdade­ramente gobernaran el mundo. 

La escena de "Cuando Harry conoció a Sally" en que Meg Ryan finge un or­gasmo sería en realidad la escena prin­cipal de "Cuando Harry masturbó a Sally".

Las computadoras costarían poco y no sería necesario compartirlas. Cada uno tendría la suya, llena de las tonte­rías que quisiera.

El Estado no existiría. Sólo existiría la A.F.A., y el fútbol realmente reemplaza­ría a la guerra.

Los negocios de ropa no tendrían em­pleados que ofrezcan ayuda o recomien­den modelos, sino que permitirían que la gente rebusque y nunca dirían: "¿Es­tás buscando algo en especial?".

La habitación más grande de la casa sería el desván.

La gente no se casaría. Simplemente habría multitudinarias despedidas de soltero.

Los nombres personales estrafalarios serían de uso común. En lugar de Agustina, Belén o Tomás, muchos niños se llamarían Spock, Morpheus o Darth Vader.

Los números telefónicos falsos que se reciben de una mujer tendrían una extensión directa a sus números reales.

Mirar el reloj sería aceptado como una respuesta adecuada a la frase "te quiero".

Cuando las esposas quisieran hablar en medio de un partido de fútbol o una película, sus rostros aparecerían en un cuadrito en el borde de la pantalla.

Las rupturas de pareja serían más sencillas, con una palmadi­ta en la cola bastaría.

El control de natalidad vendría como un componente agrega­do a las bebidas alcohólicas.

Los formularios administrativos se podrían llenar usando, en lugar de nombres, los apodos de las personas que se citan como referencias, como por ejemplo el Narigón Martínez.

El destino personal estaría atado a los resultados de la jornada deportiva.

El tipo más simpático de la oficina sería nombrado director. "Perdón por la tardanza, peto ano­che me acosté tarde" sería aceptado como excusa para la impuntualidad.

Al final del día, un silbato indicaría el final del trabajo y todos saltaríamos por la ventana sobre un brontosaurio y de allí al automóvil, como en "Los Pi­capiedras".

Andar por la calle en patota gritan­do estupideces sería bien visto por la policía.

Los guardavidas podrían expulsar a los viejos de los balnearios por alterar la belleza pública.

Alquilar tanques de guerra en vaca­ciones estaría permitido.

El Día de los Enamorados sería trasla­dado al 29 de febrero.

Los animadores televisivos serían fusilados.

La basura se sacaría sola.

El alcohol, en lugar de fijar grasas, to­nificaría los músculos.

El sueldo tendría un plus para gastar en pavadas, como parte de los conve­nios colectivos de trabajo.

El viernes habría dejado de ser laborable hace mucho tiempo.

Los teléfonos se colgarían automáticamente luego de 30 se­gundos de conversación.

 

 

SOCIEDAD 14 de mayo de 2005


Tags: reflexión, humor, anónimo

Publicado por Annonimmox @ 11:53
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