EL FINAL DE LA ILUSIÓN



Ningún gordo va a correr en bolas alrededor del Obelisco ni del Monumento a la Bandera.
Ninguna gaseosa se va a vender sin etiqueta.
No vamos a poder seguir fugándonos masivamente de los puestos de trabajo.
No vamos a comer pastel celeste y blanco.
No va a haber más inflables con la cara de Diego ni murales con los goles después de cada partido.
Por un tiempo no vamos a volver a ver tantas zorras juntas vestidas con la camiseta de la selección.
Messi no va a hacer ninguno de los goles con los que tanto nos ilusionamos.
Vamos a seguir sin podernos sacar de la cabeza su triste última imagen del Mundial anterior, sentado descalzo al borde del campo de juego, cuando tampoco pudo hacer nada para salvarnos.
Nunca vamos a saber si Maradona hubiese puesto a Garcé en la final, tal como supuestamente lo soñó.
Habiendo perdido teniendo un equipo integrado por Ángel, San Palermo y D10S, vamos a tener que evaluar cambiar de religión.
Nos quedamos sin la estadística de nunca haber perdido frente a los alemanes usando la camiseta titular.
Nos vamos a quedar con las ganas de comernos al pulpo Paul en estofado.
No vamos a poder seguir haciendo chistes acerca de lo mufa que es Mick Jagger.
Vamos tener que volver a la estupidez televisiva cotidiana, plagada de personajes estúpidos y vacíos como Tinelli, Fort y Zulma Lobato.
Nos vamos a tener que meter en el culo todas las coincidencias con el ‘86.
Al menos tuvimos un par de semanas de unión, alegría y esperanza.
Otra vez será. Quizás en el próximo Mundial. Ojala.
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